Abordar la complejidad educativa desde la consciencia

En ocasiones, cuando nos paramos a pensar en la tremenda complejidad de los procesos orgánicos y, en especial, los humanos, nos damos cuenta de la imposibilidad de afrontarlos mediante esquemas que reducen la extrema complejidad a un enfoque plano, simple, unidimensional.

Tratamos la enfermedad con medicamentos que simplemente silencian el síntoma, la prosperidad económica se vincula exclusivamente con el crecimiento del PIB, nuestra tóxica relación con la naturaleza se limita a medir los niveles de dióxido de carbono emitidos y comerciar con ellos. Con la educación pasa algo similar: en el centro está el objetivo de pasar el examen y lograr un título.

Claro que los medicamentos pueden formar parte de la recuperación de la salud, pero no sólo; claro que el PIB puede formar parte de una economía equilibrada, pero no sólo; claro que la emisiones de gases de efecto invernaderos pueden formar parte de las soluciones ambientales, pero no sólo; claro que la demostración de lo aprendido debe formar parte del proceso educativo, pero no sólo.

Un sistema complejo es un conjunto de redes de elementos interconectados entre sí en una estructura multicapa que coevolucionan, es decir, que tanto los elementos que las componen como las interacciones que desarrollan varían de forma independiente con el tiempo.

Al abordar los sistemas complejos mediante estrategias parciales, simplificadoras, unidimensionales o estáticas, lo que sucede es que obviamos grandes áreas que forman parte de su complejidad, así como la influencia de nuestras intervenciones en sus dinámicas. Al incidir sobre una red concreta, alteramos el conjunto produciendo variaciones no previstas en otras redes vinculadas dentro del propio sistema.

La célula es una mínima, pero a su vez complejísima subred de un sistema complejo que denominamos organismo. Hasta hace poco hemos asumido que las rutas de señalización intracelulares, comenzando en un punto y progresaban en un orden secuencial de pasos hasta una conclusión definida. Se ha pasado por alto que cada una de estas teóricas secuencias estaban interconectadas en diferentes puntos cono otras secuencias que, a su vez, evolucionan dinámicamente. En cada célula puede haber miles de estas cascadas. Un equipo de biólogos moleculares decidió trazar las interacciones entre cuatro de estas cascadas, cada una de sólo cinco pasos. Es resultado fue de tal complejidad que lo denominaron el “gráfico del horror”. (1)

Los investigadores describieron tal cantidad de interacciones que es difícil reconciliar esta perspectiva con poder especificar las rutas de señalización concreta en cada célula: “todo hace todo a todo”, concluyeron. (2)

Eso expica que todos los medicamentos tiene efectos adversos, que el crecimiento del PIB no significa que la economía doméstica resulte más próspera, que reducir el CO2 no significa una relación más saludable con la naturaleza; que tampoco obtener buenas notas significa gozar de una buena educación.

Quizá una primera condición principal para manejar sistemas complejos sea ser conscientes nuestra ignorancia e incapacidad para alcanzar la comprensión total del conjunto del sistema. Esa actitud podría dotarnos de la humildad necesaria para cambiar las tácticas y las estrategias cuando sea necesario (que, sin duda, lo será). La consecuencia es implementar un sistema que permita una gran flexibilidad y, con ello, una elevada capacidad de autotransformación.

También requiere grandes dosis de estudio y diálogo, aprender de las experiencias de otros en ese mismo campo, pero también de campos distintos; y cuanto más alejados, mejor. Por ejemplo, la física, la biología, la sociología, la agricultura regenerativa entre muchas otras pueden aportar principios, estructuras, ideas y estrategias muy útiles para desarrollar nuevas soluciones educativas.

Ese estudio intenso ha de combinarse, necesariamente, con una práctica cotidiana en la que se pongan a prueba las ideas propias y las adquiridas a través de la investigación y el diálogo con los más diversos campos de investigación. Ponerlas las prácticas a prueba significa desarrollar un proceso de ensayo y error, de refinamiento y de selección de lo que funciona y lo que no. Un proceso que, por otra parte, nunca acaba.

Finalmente, diseñar un espacio que permita la coherencia de un aprendizaje experiencial. Un espacio físico, sí, pero también un espacio mental que permita que las soluciones emerjan a partir de la fricción de los distintos participantes trabajando juntos. Un espacio dinámico, que permita la experimentación, el cambio y la participación.

Sin saberlo, con el tiempo, desarrollamos ojo de agua como una herramienta de manejo de sistemas complejos humanos.

Nos encontramos con la responsabilidad de cuidar la vida desde que nace la vida sin experiencia, pero con poderosos instintos y un insaciable impulso por aprender.

Combinamos el estudio y la teoría con la práctica cotidiana, probando las nuevas ideas, ajustando las que resonaban y descartando las que disonaban. Hicimos camino al andar, no seguimos un camino ya trazado.

Nos inspiramos en iniciativa que transitaban caminos similares al que aspirábamos, distintos entre sí, pero con un fondo común. Integramos muy diversas disciplinas a nuestra práctica educativa.

Creamos un equipo diverso formados por profesionales, madres y padres con muy diversos bagajes, destrezas, visiones del mundo que aportaban amplios campos del saber y la sabiduría humanos: la ciencia combinada con el esoterismo, la física teórica con la carpintería, la solidaridad con el desarrollo de micronegocios, la actividad física con la filosofía… Porque a pesar de las apariencias los opuestos no se excluyen, se complementan.

Quizá lo más decisivo de todo haya sido la participación de niños y jóvenes en la gestión de la vida cotidiana social del ambiente, así como en la construcción de un currículum individual que respondiera a sus singulares intereses.

Todo lo anterior significa mínima burocracia. También que nuestra solución no es una solución universal.

El paisaje histórico en el que nos encontramos puede impulsar nuestra consciencia.

Consciencia de que este mundo -este sistema- no es el nuestro.

Consciencia de que este mundo es una distopía creciente que, dado la élite que lo gobierna, no es posible, cambiar, ni mejorar, ni reformar.

Consciencia de que hay que convivir con este mundo, aunque sin caer en la complicidad y en la connivencia con él.

Consciencia de que, por ello, nos toca crear espacios personales y sociales (también educativos) que plasmen a modo de embrión, lo que serán las señas de identidad de una nueva humanidad. (3)

Conscientes de todo ello compartimos nuestra aportación a la transformación en el ámbito de la educación, y así contribuir a la salida de la trampa epistemológica en la que somos encapsulados durante años a lo largo de la infancia, la etapa más influenciable de nuestras vidas.

——————-

Compartir

Muchas gracias por tu suscripción.

Ofrecemos acompañamiento y asesoría organizacional y pedagógica tanto para equipos educativos como para profesionales individuales, así como acompañamiento familiar transgeneracional y mentora para jóvenes.

Más información: www.ojodeagua.es

Contacto: ojodeagua.ambiente.educativo@gmail.com

Tu apoyo con una suscripción de pago nos ayuda a seguir compartiendo.

Suscríbete ahora

_______________

(1) McGilchrist, I, The matter with things. Our brains, our delusions, and the unmaking of the world, Vol. 1, Perspectiva Press, London, p. 448

(2) Dumont, J. E., Pécasse, F. y Maenhaut, C., “Crosstalk and specifity in signalling: are we crosstalking ourselves into general confusion”, Cellular Signalling, 2001, 13, 45-63

(3) La huelga tranquila, https://t.me/socdistopica/294#

*