- “Entonces, si los sistemas educativos que tenemos son sistemas egocéntricos, ¿sería legítimo que familias con cierto grado de consciencia decidieran eludir dichos sistemas educativos adoctrinadores o egocéntricos y tratar, por otros medios, de dotar de una educación más consciente a sus hijos?”
- “Buenos, creo que sería legítimo, pero es complejo y, en todo caso, sería dual por definición. Pienso que nadie está preparado para esto. Y es muy peligroso, incluso para quienes piensan que está preparados para esto. Es incluso más peligroso porque siempre ocurre que el ego se disfraza de conciencia (…) Me da miedo la posibilidad de la certidumbre de que somos conscientes porque a veces eso es ego disfrazado (…) Puede haber alternativas con rigor y con sentido. Si hay algún proyecto de este tipo pues actuaría como hacemos en educación: si hay una propuesta de innovación, hay una propuesta de cambio, hay un pilotaje pequeño primero, se evalúa, se evita el tanteo y el ensayo. Luego hay enfoques cooperativos abiertos, o sea, que no se convierta en un cierre egocéntrico a mayor nivel porque entonces lo que se hace es consolidar el ego, incluso ampliar el tamaño del ombligo y eso tampoco es una solución.”
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Como en toda afirmación hay parte de verdad en esta respuesta. No todas las familias disponen de un grado de consciencia y de los medios materiales mínimos necesarios para acometer -por sí mismas y únicamente por sus propios medios- la tarea de educar a sus hijos al margen del estado. También es cierto, y de suma importancia, el hecho de creerse más que los demás, de modo y manera que, finalmente, acaba uno reproduciendo lo que deseaba evitar.
No obstante, nos encontramos con que los sistemas educativos actuales son esencialmente egocéntricos, esto es, responden a los intereses adoctrinadores de quienes los estructuran y éstos no son otros que los estados. Es pertinente añadir aquí que el estado moderno, según Max Weber, no se define en función de sus objetivos, sino -curiosamente- en función de sus medios. Así pues, el estado (quien ostenta la capacidad para imponer las características de los sistemas educativos) es la estructura burocrática que se arroga el monopolio legítimo exclusivo de la violencia (sea ésta física o de otro tipo).
El hecho de que las familias o grupos de ciudadanos asuman la responsabilidad de la educación de sus hijos según sus propios criterios con la base común del respeto a los derechos humanos y de los niños puede ser peligroso. Es por ello que se requiere de una consciencia consciente, si pudiéramos decirlo así, para evitar caer en la trampa del ego espiritual. Pero no es menos cierto que también es peligroso el secuestro epistémico y de consciencia personal que supone la estructura escolar impuesta por el estado.
Por otra parte, ninguna acción en la vida está exenta de peligros. Es cierto que con mucha frecuencia el ego se disfraza de consciencia; de eso no hay duda. Pero, precisamente, ése es el desafío a superar, el trayecto a recorrer. En otro caso, sólo quedaría la opción de aceptar sumisamente la imposición definida por el estado.
Además, ser consciente de las propias limitaciones (personales, emocionales, intelectuales, conscienciales,…) es más fácil cuando estás en estrecha colaboración con otros. Pero la apertura a la colaboración con otros puede ser, por el mismo motivo, un factor de conflicto. Y ello no es contradictorio, pues es el conflicto el caldo de cultivo en el que podemos crecer.
Parecería razonable validar cualquier iniciativa educativa mediante investigación a través del método científico. Si bien es cierto que pretender estructurar una alternativa desde cero y no ponerla en práctica mientras no haya un proceso de estudio y validación académica es una trampa, o quizá una ilusión. Ya bastante difícil resulta asumir la responsabilidad de la educación de los hijos al margen del estado; especialmente, en grupo, en cuanto a dedicación, detalles, gestión de recursos, atención personal, etc. Si, ademas, nos autoexigimos realizar desde el inicio un estudio de investigación paralelo, las posibilidades de desborde -ya de por sí elevadas- se multiplican.
Por otra parte, ante esta sugerencia, surge una interesante pregunta. ¿Qué investigación, qué estudio validado metodológicamente ha validado la institución escolar que hoy conocemos? Esa misma estructura escolar que ha estado marcada desde sus propios orígenes por la imposición, el adoctrinamiento, la ausencia de escucha y la violencia. Esa estructura escolar que con el paso de los años se ha ido suavizando, adaptándose sutilmente a los tiempos mientras mantiene su burocrática, rígida y limitadora esencia, no ha estado avalada, a lo largo de su historia, por ninguna investigación. Ha sido sólo el resultado de la imposición del estado burocrático poseedor de la violencia sobre los ciudadanos proyectando su propia esencia burocrática (y, por tanto, deshumanizadora) y violenta sobre las instituciones de las que se sirve y la escuela es su mejor ejemplo.
Todos los cambios que han venido después, con las mejores intenciones -de eso no hay duda- no han servido más que para maquillar el origen y trasfondo deshumanizador de la institución. Cambian las formas, pero el fondo permanece. Limitamos tu libertad, pero es “por tu propio bien”, como afirmaba Alice Miller al describir lo que denominó como “pedagogía negra”.
En nuestra perspectiva, y podemos estar equivocados, la institucion escolar es irreformable: forma parte del estado corrupto que nos domina, atenaza, manipula y esclaviza.
Si al sistema dominante, nadie le pidió evidencia, ¿por qué habría que pedírsela a priori a quien pretenda sustituirlo para probar algo distinto? La evidencia es algo positivo, pero también relativo. La realidad -por supuesto, la realidad de las relaciones humanas incluida- es demasiado compleja para encajarla en un paper académico, en una tesis, en un estudio. Son las personas que forman las iniciativas: docentes, estudiantes, familias o comunidad cercana quienes pueden validar lo apropiado de una iniciativa de educación a partir de su experiencia.
Si dada una iniciativa educativa distinta de la escolarización tal como la conocemos, hay personas, profesionales y familias, cuya experiencia les indica que esa experiencia es valiosa, debiera ser aceptada por el estado, a condición de que respete los derechos fundamentales de las personas.
Con frecuencia se habla de pedagogía basada en la evidencia. Sin embargo, la estructura escolar que está instalada desde hace un par de siglos como única solución para el desafío educativo nunca ha tenido la validación de la evidencia.
Simplemente, fue impuesta.
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