Un vez más

El verano pasado, recorriendo los pasillos del supermercado, nos encontramos con una madre cuyos hijos pasaron prácticamente la totalidad de su “etapa escolar” en ojo de agua. Tanto ella como el padre participaron en la vida diaria de ojo facilitando talleres durante años.

Nos saludamos con alegría tras no vernos durante un par de años, en seguida la breve conversación de supermercado derivó hacia los hijos. Nos contó que uno había acudido al instituto al inicio del curso que, entonces, estaba finalizando y que sus notas eran excelentes. El próximo curso elegiría un bachillerato artístico.

No es la primera vez que comentamos la experiencia de chicos y chicas que tras su paso por ojo de agua y quizá pueda resultar repetitivo, pero observando con atención no deja de sorprender el hecho de que alguien que no ha sido sometido al régimen escolar -alguien que ha tenido oportunidad de elegir qué quiere aprender, cómo, con quién y hasta cuándo- logre en su primer año insertado en el sistema escolar los resultados que el propio régimen exige con intensidad a sus usuarios permanentes tras años de repetición, obligatoriedad y estudios que no interpelan a los estudiantes. ¿Qué significa eso? ¿Por qué sucede? ¿No descalifican estos casos que vamos documentando la propia lógica del sistema? ¿Es consciente el sistema (esto es, las personas que lo definen) de ello?

Casos como éste ponen de manifiesto que puede haber modelos educativos muy distintos del monopolístico sistema escolar oibligatorio, que contribuyan a realzar los aspectos que más nos definen como humanos: la libertad y su inherente contraparte, la responsabilidad; la alegría de vivir y de aprender; la implicación en la vida comunitaria; la capacidad para decidir y discernir; la comunicación consciente; la relación humana como foco y centro del desarrollo humano, entre otros.

Alguien podría argüir que el sistema escolar no pretende sólo el logro académico, esto es, la adquisición de conocimientos y destrezas, sino que una parte fundamental de la escolarización obligatoria es la socialización. Pero si atendemos a los relatos y las estadísticas de violencia en escuelas e institutos -cuyos datos ya hemos analizado en otros lugares, y de las que todos somos conscientes- nos daremos cuenta de que para obtener esa socialización, casi mejor evitarla. Por otra parte, el modelo de socialización que ofrecen las instituciones escolares es muy limitado. Durante las clases prácticamente no hay socialización, salvo la informal que sucede sotto voce, a espaldas y sin conocimiento de la autoridad de los adultos. En los recreos (interesante que el antónimo de recreo sea aburrimiento, parece una reconocimiento tácito del propio sistema escolar de su propia meta), la socialización está ya abierta, salvo casos flagrantes, al margen de la supervisión de los adultos responsables.

Unos días después del encuentro con la madre, estábamos seleccionando unos libros en la antigua biblioteca y en uno de ellos encontramos esta nota escrita por esta persona (de la que hemos eliminado los datos personales)

A continuación mostramos el caso de este participante en ojo que pasó toda su “vida escolar” exenta de la obligatoriedad de las clases impuestas, las evaluaciones que pretenden dilucidar el conocimiento que atesora una persona, los horarios planificados al milímetro, etc. y que no sólo accede al bachillerato con buenas calificaciones, sino que deja una nota a modo de cápsula del tiempo en la que expresa su agradecimiento y satisfacción por la experiencia vivida a lo largo de los años en el contexto que creamos en ojo de agua.

Una vez más, una prueba evidente de que el sistema escolar no está pensado para el mayor desarrollo y aprendizaje de niños, niñas y jóvenes, sino que habitúa a las relaciones asimétricas de poder, empequeñece, somete, sojuzga, bloquea la mirada interior y relaciona aprender con cumplir la voluntad ajena.

¿Cómo se puede aprender libertad/responsabilidad sin tener oportunidades de ejercerla? ¿Cómo lograr ser dueño de tu propia vida sin oportunidades para disponer de tu tiempo con autonomía? ¿Cómo lograr respeto por uno mismo si la recompensa siempre es la validación externa?

El caso de esta persona nos recuerda una vez más, que la libertad responsable (valga la redundancia) es un factor de desarrollo humano integral que incide en la dimensión social, pero también en la salud física, en la madurez emocional y en el desarrollo cognitivo.

No obstante, el requerimiento de base son ciertas condiciones mínimas materiales, relacionales y de consciencia en las que el respeto mutuo (valga de nuevo la redundancia) resulte el hilo conductor. Y el contexto familiar se presenta aquí como decisivo.

Una educación basada en el respeto mutuo contribuiría en buena medida a producir una sociedad más equilibrada, respetuosa, justa y, por todo ello, sabia.

Quizá es justo por eso que ni está ni se la espera.

Veamos algunos detalles de este caso típico, referido por los propios protagonistas en grabaciones que han sido transcritas literalmente, salvo algunos coloquialismos que hemos ajustado para adaptar el habla al medio escrito.

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La mirada de los padres:

“Nosotros llevamos a nuestros hijos a ojo de agua con el claro convencimiento de que estábamos haciendo lo mejor para ellos, ofreciéndoles la mejor alternativa al sistema tradicional, que no pensamos ni juzgamos si esta bien o está mal, sino de que dentro de todas las alternativas que existen estábamos convencidos de que esto era lo mejor para ellos”.

“Con el paso del tiempo ha sido toda una experiencia y hemos podido ver lo bien que ha resultado para su desarrollo este método y esta forma de aprendizaje basada en la libertad de elección, en el compromiso con las elecciones y en el respeto total hacia todo lo que les rodea, ya sean personas, animales, entorno…”

“A diferencia de lo tradicional, todo el tema de la educación emocional está muy cuidado porque siempre hay un acompañamiento, una observación de la interacción entre ellos. Y en cuanto a aprendizaje, la verdad es que es una maravilla ver el interés genuino y real que hay en cada uno de ellos, espontáneo y natural, donde ahí se le da un espacio. En general, la mayoría de las veces se atiende a esos intereses y a esa demanda que nace de manera genuina desde ellos, ya sea por un interés propio por algo que han escuchado, por intereses de los demás, hay mucho contagio también. Por eso es muy enriquecedora la variedad de familias que componían el proyecto: gente de otros países, con otras culturas, con otras formas de comunicarse y de horarios y de estar. Eso es muy enriquecedor paras ellos porque se van contagiando cosas, también tiene interés en los idiomas”.

“Y, bueno, básicamente, yo sé que la sociedad en general tiene mucho miedo: “pero no aprenderán”, “no estarán a la altura”, “¿y si quieren estudiar algo?” Esas son las preguntas de familiares y amigos. Lo más maravilloso es eso, poder explicarles y demostrarles que los niños tienen interés en aprender de forma natural, no necesitan que el aprendizaje venga de fuera hacia dentro, sino que dentro de ellos mismos tienen todo el interés de aprender cosas y cuando pueden explorarlo libremente, pues la verdad es que no paran, son inagotables las ganas de aprender”.

“Mucha gente también piensa: “pero estarán ahí asalvajados” o “no se responsabilizarán”, pero nada más lejos de la realidad. Ellos están totalmente comprometidos. Cuando demandan o piden algo y se les proporciona, tienen un compromiso y también se les exige un compromiso con el proyecto, con los demás compañeros, con la clase, con el proyecto en sí”.

“En fin, todo esto ha resultado genial. Ha sido un aprendizaje para toda la familia, la verdad. Para los adultos también porque es nuevo, un camino nuevo a explorar. Aunque ya digo, nosotros la confianza ya la teníamos tanto en ellos como en el proyecto”.

“Ahora, el mayor con 15 años entró en 4º ESO por primera vez porque le gustaría entrar -bueno, entra- el año que viene [esta declaración es de verano del 2026] en bachillerato artístico porque le gustaría ir a la la universidad, a Bellas Artes y, bueno, la experiencia ha sido maravillosa. Desde el instituto, los profesores están encantados porque están recibiendo a una persona entusiasmada con lo que hace, con lo que quiere hacer, porque va convencido, motivado a sacarse el titulo de la ESO y ha sacado unas notas maravillosas porque, claro, nosotros, no hemos tenido nunca mucha exigencia con la nota, no era algo que nos preocupara. Pero a él también le ha producido muchísima satisfacción porque, claro, al principio, también tenía dudas: no sabía si iba a estar a la altura, muchas asignaturas, muchas horas sentado… La experiencia ha sido maravillosa, está encantado, se gradúa mañana con una nota media buenísima, que si quisiera hacer algún ciclo formativo también le alcanzaría. Eso le da muchísima seguridad. Aunque no ha estado en el sistema, su capacidad a nivel educativo está intacta”.

“En lo personal, qué voy a decir, soy su madre. Están en plena adolescencia y tenemos una relación excepcional. Podemos hablar de cualquier cosa, a pesar de las hormonas porque aunque hayan ido a una escuela libre ellos tienen cambios y procesos hormonales. Nuestra relación es totalmente respetuosa. No sé, yo estoy encantada, la verdad. Y pienso que muchísimo de ese resultado -y toco madera, ojalá todo siga así- es toda esa etapa, todo ese respeto, todo ese cuidado que han vivido en el proyecto y, por supuesto, desde casa, todo el acompañamiento que hemos hecho. La verdad es que solo tengo palabras de agradecimiento. No tengo ninguna queja”.

La mirada del hijo:

1. Cómo se percibe a ojo en el instituto tanto profesores como alumnos.

“En Orba, como ya han pasado muchas personas, estaban familiarizados. No sé cómo se percibe en otros centros, pero en Orba no les sorprende, aunque a algunos profesores que son nuevos o nunca lo han escuchado les choca. No entienden la idea de lo que sería ojo. Pero otros que ya lo han visto no les sorprende. Además, está S., la madre de H.; o L., [se refiera a profesores del instituto cuyos hijos han participado en ojo de agua] que han llevado un poco algunas ideas de ojo. De hecho, en el patio se ha hecho una construcción así como semicircular para hacer asambleas para hablar y para hacer debates. Me parece muy interesante porque me recuerda mucho a ojo. Se han recogido ideas porque se conoce”.

“Pero lo han percibido bastante bien porque las personas que venimos de ojo tenemos interés por aprender. Hay gente allí que llevan muchos años dando lo mismo, el mismo temario, las mismas cosas y al final, están quemados, están agotados. Tenía un compañero en clase que no paraba, tenía partes todas las semanas, de estar agobiado, de no hacer los deberes, de no hacer nada, de faltarle el respeto al profesor. Y contrastaba con nosotros porque nosotros preguntábamos cosas, nos acercábamos al profesor, les decíamos “muchas gracias por la clase”, cosas a las que no estaban acostumbrados y les parecían muy bonitas de los que veníamos de ojo. Era muy interesante. Nos decían: “¡Qué amables que sois!” Pero para nosotros es lo normal. Mis compañeros al acabar la clase salen del aula sin más, pero, tal y como lo vemos nosotros, la persona está haciendo un esfuerzo por enseñarte, está dando su tiempo y su energia para que tú lo comprendas todo y pienso: “¿Qué menos que agradecerle?”

2. El inicio del instituto

“Tenía un poco de eso: “no sé qué esperarme” porque nunca lo había vivido, no sé qué esperar, cómo va a ser, si podría llegar a eso, pero he llegado cien por cien. Y estoy muy contento porque también ha sido en el momento en el que he elegido que quería aprender eso, que no se me ha forzado desde que tenía cuatro años a estar sentado. Si hubiera sido así, me hubiera cansado seguro, pero he podido elegir cuándo he querido ir. Y también que como niño, yo no hubiera estado allí, no me hubiera gustado. Y agradezco que haya existido ojo y que mis padres hayan decidido llevarme porque no lo cambiaría por nada del mundo”.

3. ¿Crees que has perdido algo o te ha mermado esta experiencia en ojo?

“La verdad es que no. La única cosa que más me ha costado y que otras personas tenían más interiorizado es lo de estudiar o tener un planning para estudiar, hacer los deberes. Saber hacerlo. Pero, aparte de eso, que se puede aprender en cualquier momento, si tienes ganas -si quieres- puedes hacerlo. Por lo demás, siento que no. Se aprende un montón de cosas sin estar en una silla sentado, repitiendo el temario de un libro o aprendiendo cosas que con seis años son innecesarias como aprender lengua, como escribir perfectamente o matemáticas, cuando eres aún un niño que necesitas jugar, aprender de los conflictos, saber solucionarlos, divertirte. Cosas que ojo me ha dado y me han enriquecido un montón también como persona. No lo cambiaría. Hay personas de mi instituto que tienen dificultad para saber cómo hablar con un adulto o cómo relacionarse. Cosas que he aprendido en ojo y que en el instituto o en el cole no se pueden aprender. Aparte de “saber estudiar” no hay nada que me haya perdido. Y esto de aprender a saber estudiar es ponerte. Poco a poco. Le vas cogiendo el truco. Tienes que ponerte y hacer muchas veces y cada vez te quedan mejor los apuntes, más limpios, tardas menos, te organizas mejor, dices “hoy haré esto porque tengo un examen en dos días y mañana estudiaré otra cosa”. Es ponerte y con el tiempo se va consiguiendo”.

4. Sobre los exámenes.

“Recuerdo que hicieron un examen el segundo día, la profe de ingles dijo: “Vamos a hacer un examen sorpresa de nivel y a ver qué tal”. Y yo diciendo: “Madre mía, no sé qué esperar”, mirando a todos lados y al final miro la hoja y digo: “Venga, que sea lo que dios quiera y ya”. Al final fue muy bien y me quedé más tranquila. Lo que sí me chocó un poco fue el examen de historia porque el examen de lengua, valenciano o inglés eran más sencillos con preguntas más cortas. El de historia era más de redactar, de explicarlo con tus propias palabras; ésos me costaron un poco. También porque quería hacerlo perfecto y tardaba bastante pensando cómo empezar. Pero al final te lo vas sacando poco a poco. Al principio se me daba peor, pero al final me iba soltando un poco más y también es cierto que mi tutor me ayudó (…) Pero al final muy bien. Es un poco de nervios y, sobre todo, que no te decían la nota en una semana o así porque tienen que corregir veinticinco exámenes. Eso me agobiaba más que hacer el examen. (Preguntada por las notas que sacó en historia comenta que la primera evaluación sacó un 7, la segunda un 7 y la tercera un 8). En lo que me gustaba sacaba buenas notas; lo demás lo aprobaba”.

5. Leer

“A mi lo que me ha ayudado mucho en la ortografía ha sido leer. Recuerdo pasarme horas, pero muchas horas, leyendo en la biblioteca de ojo y entonces la ortografía me ha resultado muy intuitiva. En castellano he sacado un 9, un 10 y un 9. De nota final en todas tengo 8, 9 ó 10 menos valenciano y matemáticas que tengo un 6”.

“Lo bueno es que 4º es ya un poco más enfocado a lo que quieres, tienes más optativas y yo elegía música, plástica, una que llamábamos teatro, hicimos un corto de terror. otras personas iban a física o biología. Y ésas eran un poco más duras”.

6. ¿Qué has aprendido (te ha aportado) en ojo que te ha podido ayudar?

“A mi ojo me ha aportado muchas cosas. Es verdad que es muy pronto tener que decidir, para saber qué bachiller vas a hacer y mucha gente tiene muchas dudas sobre eso y creo que a mí, al haber podido elegir lo que he querido aprender siempre y he probado muchas cosas, también he sabido elegir lo que me gusta. No sé si haré una carrera o un ciclo, pero sí sé que quiero hacer algo artístico, que es algo que siempre me ha llamado y aquí (en ojo) siempre he hecho cerámica, dibujo, baile, fotografía, que me encantan y es lo que a mi me llama. Eso, en lo académico, es algo que me ha ayudado mucho. Poder probar muchas cosas y poder elegir por mi mismo qué es lo que me interesaba y ahora tengo mucho más claro lo que quiero”.

7. La adaptación

“No lo he pasado mal ni en ningún momento me ha sido muy duro ni difícil. Me ha ido muy bien y estoy muy contento porque sí que tenía un poco de temor porque no sabía qué esperarme, no sabia si sería un salto muy grande porque es algo que no conocía, pero la verdad es que me ha ido bien, he entrado bien”.

8. Con los otros compañeros.

“Al principio me relacionaba con gente que conocía, con mis amigos de ojo que estaban en mi clase, pero luego hice un montón de amigos (…) Se dan cuenta de que no somos extraterrestres, que también somos chavales y somos iguales que ellos. Como ya habían estado en años anteriores personas de ojo tampoco les parecía muy extraño, ya estaban familiarizados”.

9. Pandemia.

“Muchas gente lo pasó mal en la pandemia al estar en casa. Para mí, volver a ojo fue como volver después de un verano sin más, me resultaba bastante normal. Me acuerdo que hacíamos los simulacros, que teníamos que llevar siempre la mascarilla encima. Eso era lo más extraño, pero por lo demás lo viví con bastante normalidad. Estaba contenta de volver y estar por ahí jugando”.

“Aquí lo sentía más como liberador porque fuera era todo muy estricto: no salir, toque de queda, tienes que estar en casa, la mascarilla. Yo me iba a clases de baile a Denia por las tardes y tenía que ir en el bus con la mascarilla puesta y respirar aire a través de la mascarilla ésa que era horrible. Y aquí era bastante liberador como en mi casa. Era como estar en mi casa. En este sitio podía estar tranquilamente sin estar preocupada todo el rato por eso (…) Entonces tenía 10 años”.

10. Valoración global de la experiencia de ojo (personal y académica).

“Para mí la experiencia de ojo ha sido muy significativa sobre todo en lo personal, en lo que me llevo de este sitio, las personas que he conocido, los valores que me llevo de aquí… Me ha aportado mucho a mi vida y como persona, como soy y cómo me relaciono con el mundo, con las personas, con el entorno y con todo”.

“Y en lo académico al haber podido elegir aquí qué quería hacer, en qué momento quería hacerlo y decidir qué es lo que a mí más me interesaba, desde pequeña siempre he mostrado un interés en esto, he podido investigarlo, he hecho un montón de cosas, he podido probarlo todo y, al final, ahora digo eso es lo que siempre me ha llamado la atención y quiero seguir por aquí”.

11. Tiempo para reflexionar sobre tu vida

“Es cierto que cuando vas al sistema tradicional todo está muy pautado y siempre después de esto va aquello; y después, eso otro. Y ademas tienes que saber lo que quieres hacer y después de 4º tienes que hacer bachiller y tienes que decidirlo ya. Y es verdad que en ojo podía pasarme días hablando con mis amigos o leyendo un libro. Y sí, es verdad que me daba mucho tiempo para pensar en las cosas, a escuchar a otras personas (…) tampoco pensaba mucho en el tiempo; simplemente pasaba, sin más. No estaba pensando qué tengo que hacer después, no tenía esa presión. Simplemente estaba en el momento, disfrutaba del momento”.

12. La sombra de ojo.

“Quizá las asambleas de puntos obligatorias eran muy largas. Sinceramente, no he sentido en ojo algo que estuviera mal”.

13. Asambleas.

“Todo en ojo era así. No era: esto es así y punto. Se hablaban las cosas entre todos, se llega a un acuerdo en la asamblea, se votaba. Siempre ha sido eso. Tratar de que todo encaje y ponernos de acuerdo y que todos estén cómodos”.

“En la asamblea había puntos muy largos. A ver, a mí me parecía muy interesante porque podíamos escoger las reglas y al final llegar a un acuerdo. Si algo chocaba, se hablaba y entre todos se votaba y me parecía muy democrático la verdad. [¿Había una predominancia de los adultos en la asamblea?] Yo creo que era más entre todos al final porque cada uno tenía su opinión y podía expresarla y no había una mayor influencia por las personas adultas. Nunca lo había visto así, la verdad; sino que todos éramos iguales allí, en nuestro círculo”.

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