La verdad comienza con dos

Uno siempre está equivocado. La verdad empieza con dos.

Es lo que tiene convivir.

Las relaciones humanas son imprescindibles en el desarrollo del proceso de humanización. 

Contribuyen a hacernos “más humanos”. Nos descentran, nos sacan del centro del ego, nos sacan del egocentrismo. 

Con un enfoque adecuado, contribuyen a fomentar la compasión y la empatía; rasgos que, sin duda, nos hacen mejores personas y contribuyen a una sociedad mejor.

Pero la verdad no acaba en dos. Hay tantas verdades como personas.

Acercarse a la verdad consiste en expresar lo propio, escuchar al otro, sentirse en su piel y tratar de llegar a un acuerdo para la próxima ocasión.

Es expresar el propio dolor.

Es imaginar el dolor del otro.

Es reconocer que otros se equivocan tanto como yo.

Es comprender y perdonar.

Es abrazar…

… y volver a jugar.

*