Considerar algo normal es verlo como natural, como parte de la esencia o el núcleo; o lo que permanece invariable en algo.
Normal también puede hacer referencia a lo habitual u ordinario, esto es, a lo frecuente o ya acostumbrado.
Ambas acepciones son muy diferentes. La primera nos habla de lo que una cosa es; por tanto, de algo inherente a la cosa en sí. La segunda nos habla de algo que siendo externo a la cosa en sí, se asocia a ella con elevada frecuencia, siendo, en consecuencia, “normal” su presencia (por causa de su frecuencia), aunque no sea “normal” (en cuanto a lo que debiera ser).
Algo de esto está pasando en la sociedad. Ya se perciben como normales, dada su frecuencia, situaciones que son excéntricas a la naturaleza de ciertas cosas.
La elevada asiduidad con la que aparecen nuevos datos que ofrecen una panorámica de la presencia de la violencia en la vida escolar no es natural, aunque cada vez en más presente.
Desde el punto de vista de los docentes, según una encuesta recientemente publicada por un sindicato, el 82,62% considera que el clima de trabajo en las aulas es conflictivo y/o complicado. Eso sólo deja aproximadamente un 17% de las aulas en condiciones apacibles. El 83,15% percibe un incremento en las agresiones verbales o física por parte del alumnado y un 76,66% por parte de las familias. (1)
Si se pregunta a los estudiantes, los datos varían desde el 9,53% de estudiantes de primaria que afirman haber sido víctimas de acoso en un estudio oficial (2) hasta el 35%, esto es, 1 de cada 3, según una encuesta que incluye todas las etapas preuniversitarias. (3) (4)
Una de las consecuencias lógicas de este estado de cosas es que casi el 70% de los docentes manifiestan ansiedad, especialmente en primaria, un 75,8% (5)
Paralelamente se está produciendo un incremento de autolesiones, ansiedad, depresión en niños y adolescentes en edad escolar (6); siendo el suicidio la primera causa de muerte suicidio en niños y adolescentes. (7)
Esto no es normal en su primera acepción; aunque la frecuencia de su presencia hace que poco a poco lo vayamos integrando como normal.
Desde luego, la institución escolar no es la única causa de todo este malestar. Una sociedad que no prioriza la atención de las necesidades materiales y de desarrollo básicas de los seres humanos desde su gestación o, incluso, antes. Una cultura generalizada de falta de respeto estructural en la relaciones con niños y adolescentes, transmitida de generación en generación por prácticas culturales de imposición, así como violencia familiar e institucional (lo que incluye la escolar). Y una tendencia a la sobreprotección y falta de limites funcionales y saludables en la vida familiar son factores que contribuyen a este desolador estado de cosas.
Muchos profesionales de la educación se lamentan de tener que atender demandas que no les competen más allá de enseñar su materia; otros analizan como un problema la “psicologización” de la educación; otros más, aluden a una cultura del debilitamiento de la voluntad.
Nuestro punto de vista, basada en la experiencia, es que todo está relacionado con todo, que la misión de la educación incluye todas las dimensiones del ser humano, no solo la dimensión cognitiva. Por tanto, educar no es sólo “enseñar a razonar”. Lo incluye, sí; pero no acaba ahí su misión.
De hecho, a nuestro juicio, es condición necesaria sentirse seguro para poder aprender, es necesario favorecer el máximo de autonomía para poder crecer,
Ante la objeción escolar el argumento primero de la administración es la necesidad imperiosa de garantizar la socialización. Y estamos plenamente de acuerdo. Pero, ¿qué tipo de socialización queremos? ¿Son estas condiciones de violencia el mejor ambiente para, siquiera, “enseñar a razonar”? (sin entrar en otras condiciones escolares).
Si esta es la realidad, ¿no deberíamos plantearnos otras posibilidades?
Sin embargo, la aceptación acrítica del valor de la institucion escolar es prácticamente unánime y la oposición administrativa y política a abrir el espacio a propuestas educativas más allá de la escolarización es férrea.
Quizá sea que estamos afectados por el síndrome de Estocolmo, seducidos por nuestro propio captor.
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(1) STe, Estudio estatal. Causas del estado de malestar docente, p. 11
https://www.stes.es/causas-del-estado-de-malestar-docente-resultados-de-la-encuesta-realizada-por-stes-i/
(2) STe, Estudio estatal. Causas del estado de malestar docente, p. 11
https://www.stes.es/causas-del-estado-de-malestar-docente-resultados-de-la-encuesta-realizada-por-stes-i/
(3) Hilando voces: estudio del discurso de ocio en la escuela, p. 29
(4) Es interesante darse cuenta que las encuestas y estadísticas no preguntan por la opinión de los estudiantes sobre la escuela y la hipotética violencia inherente a la propia institución. Parecería que ésta proviene única y exclusivamente de parte de sus usuarios y, más allá, de sus familias. Nunca por parte de sus trabajadores ni del propio diseño institucional.
(5) Informe del Defensor del Profesor Nacional
(6) Observatorio del suicidio en España
(7) El suicidio es la primera causa de muerte entre jóvenes y adolescentes entre 12 y 29 años