Saber, tener, servir, sentir.

“La participación de las familias es crítica para la transformación de los sistemas educativos. La fuerte colaboración de las familias, los docentes y la comunidad en su conjunto ayuda a fortalecer la confianza relacional como el fundamento de la escuela y que todos los actores puedan trabajar juntos  con una visión compartida de la educación.”

Una reciente investigación de 2024 (1) realizada en una decena de países, indagaba sobre la idea que los distintos grupos participantes en la escuela tenían sobre el propósito principal de la misma

La investigación muestra que para los distintos grupos  (docentes, estudiantes y familias) el propósito más importante no es coincidente.

Los cuatro propósitos que se proponen en la investigación son:

  • Académico: relacionado con la adquisición de conocimiento, información y contenidos.
  • Económico: relacionado con la oportunidades que la escuela puede proporcionar para el logro material.
  • Cívico: relacionado con la contribución al conjunto de la sociedad.
  • Social y emocional: relacionado con el bienestar interior.

Como en todo, el equilibrio entre estos distintos propósitos podría pensarse como lo más adecuado, una relación balanceada entre saber, tener, servir y sentir.

La encuesta muestra varios elementos interesantes:

Las prioridades no son coincidentes en los distintos distintos grupos:

  • Casi la mitad de las familias mencionaron el aprendizaje académico como el propósito principal de las escuelas vinculado a la preparación para el mundo laboral.
  • También los estudiantes priorizan con diferencia el aprendizaje académico en primer lugar.
  • Los docentes de todos los niveles, sin embargo, se centraban en el aprendizaje cívico (ciudadanía activa), así como el aprendizaje social y emocional (entenderse a uno mismo y desarrollar destrezas y valores sociales).

Es interesante que cuando se pregunta a estos tres grupos en relación a cuándo se sienten más satisfechos con la educación:

  • Los docentes se sentían más satisfechos cuando los estudiantes ganaban destrezas para entender a sí mismos y desarrollaban destrezas y valores sociales.
  • Por su parte, tanto las familias como los estudiantes se mostraban más preocupados por el bienestar y apuntaban a la salud mental como una de las principales preocupaciones.

Algunos testimonios al respecto de esto último son:

  • Educador: “Los padres quieren que sus hijos tengan éxito académico, pero en el fondo serían más felices si ven que su hijo es feliz y puede ser emocionalmente sano pase lo que pase”.
  • Estudiante: [El aprendizaje social y emocional] “nos prepara primero y sobre todo para ser buenas personas y seres humanos y nos da el conocimiento sobre cómo avanzar en el futuro”.

¿Y qué piensan sobre cómo los otros grupos ven el propósito principal de la escuela?

En 8 de los 10 países había una percepción alineada en cuanto a que los docentes percibían correctamente las creencias de las familias en relación al propósito principal de la escuela.

En 7 de los 10 países había un percepción desalineada en cuanto a que las familias y los estudiantes percibían incorrectamente las creencias de los docentes sobre el propósito de la escuela, pensando que también la prioridad es la del aprendizaje académico.

¿Y cuánto confían unos en otros? Cuando se pide a los docentes, familias y estudiantes que valoren su confianza en los otros grupos de participantes:

  • Todos están de acuerdo en que mayores niveles de confianza favorecen mejores resultado y mayor éxito en los estudiantes. Pero no es fácil construir confianza.
  • Las experiencias y las creencias de cada grupo sobre la educación contribuyen a la construcción de la confianza relacional y al desarrollo de estrategias adecuadas.
  • Los docentes mostraron menores niveles de confianza en las familias que las familias y estudiantes sobre los educadores.

El hecho de que las familias cooperen con el cuerpo docente (y viceversa) realza y relanza el proceso de desarrollo de los hijos en todos los niveles es intuitivo.

No obstante, esa cooperación no es posible que logre transformar la escuela como institución. Hay otras fuerzas que dominan y limitan férreamente el campo de posibilidades de institución escolar

Llama la atención que no se haya indagado por los efectos de la participación de los estudiantes y sí, de las familias y la comunidad. Cuando, muy posiblemente, incrementar la participación de los estudiantes en la toma de decisiones en distintos niveles en la escuela sea el principal factor para que se sientan integrados y mejoren su desempeño tanto académico como social y emocional.

El estudio manifiesta que los estudiantes y las familias viven una incoherencia en cuanto a lo que le piden a la institucion escolar: declaran propósito como principal (académico), pero en el fondo otro es más importante (social y emocional).

Parece que la confianza mutua entre familias y docentes está bastante lejos del punto óptimo. No sólo en la investigación, en nuestra más cercana realidad, quizá sea aún mayor.

Que distintos actores trabajen juntos con distintas visiones, es como el barco en el que los remeros no solo reman desacompasados sino que, además, lo hacen en distintas direcciones.

Construir confianza lleva tiempo y la estrategia más eficaz para ello es la comunicación. Quizá, haya que diseñar distintos espacios de comunicación sobre el aspecto más fundamental y que quizá se da por supuesto: “¿Cuál es el propósito fundamental de la educación?”, ponerse de acuerdo y actuar en consecuencia.

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(1) Morris, E. M. y Nóra L. (2024), Six Global Lessons on How Family, School, and Community Engagement can Transform Education, Brookings Institution, 

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